Apagón del 28 de abril: lo que de verdad falló en casa
A las 12:33 del 28 de abril de 2025 desaparecieron unos 15 gigavatios de la red en apenas cinco segundos, alrededor del 60 por ciento de la demanda peninsular. España, Portugal y Andorra quedaron desconectadas del sistema europeo. Más de cincuenta millones de personas se quedaron sin luz, y en algunas zonas el suministro no volvió hasta la madrugada siguiente.
En el resto de Europa esto se explica. Aquí no hace falta. Tú estabas allí.
Lo que sí merece la pena es mirar con calma qué falló exactamente dentro de las casas, porque no fue lo que la mayoría habría dicho el día anterior.
Lo que no falló
No faltó el agua, salvo en los pisos altos.
No faltó la comida. Prácticamente todos los hogares tenían algo que comer para uno o dos días.
Nadie pasó frío, porque era abril.
Si aquel día hubieras preguntado a la gente qué necesitaría en un apagón, la mayoría habría hablado de linternas y de comida. Y la comida, precisamente, no fue el problema.
Lo que sí falló, de inmediato y en todas partes
El pago. Los datáfonos se apagaron, las aplicaciones dejaron de funcionar y los cajeros no daban efectivo. Había supermercados abiertos con las estanterías llenas y gente delante de ellas con una tarjeta que, durante unas horas, era un trozo de plástico.
Quien tenía dos billetes de veinte en un cajón compró. Quien no, no. Esa fue toda la diferencia, y casi nadie lo habría llamado “estar preparado” el domingo anterior.
La información. Las redes de telecomunicaciones colapsaron. Sin datos y con la batería del móvil bajando, mucha gente pasó horas sin saber si aquello duraba diez minutos o dos días, que es exactamente la información que determina lo que haces a continuación. Las radios a pilas, ese objeto que parecía de otra época, fueron el único canal que siguió funcionando.
El agua, pero por la electricidad. En los edificios altos el agua llega arriba con bombas, y las bombas van con corriente. Muchos pisos elevados perdieron presión mucho antes de que hubiera ningún problema real de suministro. También se pararon los ascensores, lo cual convierte un octavo piso en otra cosa.
Esto es lo que llamamos una línea acoplada: parecía una línea de agua y en realidad era una línea eléctrica.
La parte incómoda
Se registraron varias muertes relacionadas con aquel día. Y no las causó la oscuridad.
Según lo publicado entonces, las circunstancias incluían incendios provocados por velas y intoxicaciones por monóxido de carbono de generadores usados en interiores.
Merece la pena detenerse aquí, porque cambia por completo el sentido de la palabra preparación.
El apagón, en sí mismo, fue sobre todo una molestia enorme. Lo que resultó peligroso fue la improvisación: encender una vela porque no había linterna, meter un generador o un grupo electrógeno donde no debía estar porque no había otra forma de tener luz o calor.
Prepararse no es heroísmo ni desconfianza. Es no tener que improvisar de forma peligrosa a las siete de la tarde con niños en casa.
De ahí salen tres reglas que no son negociables:
Linterna, no vela. Una linterna o una luz USB cuesta poco, no se cae, no prende una cortina y dura horas. Las velas son bonitas y son la causa de incendios domésticos cada vez que hay un apagón largo.
Nada que queme combustible dentro. Generadores, hornillos de gas, brasas, barbacoas. El monóxido de carbono no huele y sus primeros síntomas, dolor de cabeza y sueño, se confunden con estar cansado. Ventilación siempre, nunca en habitación cerrada, nunca en el baño, nunca durmiendo. Un detector de monóxido cuesta unos veinte euros.
Nada de improvisar calefacción con el horno o los fogones. Es el mismo problema y es la improvisación más común.
Un año después
Lo que se ha escrito al cumplirse el aniversario es bastante claro: la mayoría de aquellas lecciones prácticas, el efectivo, la linterna, la radio a pilas, se comentaron mucho durante unas semanas y luego se olvidaron.
No es raro. Es lo normal. La memoria de una molestia se desvanece más rápido que la memoria de una catástrofe, y aquello, para casi todo el mundo, fue una molestia gigantesca y nada más.
Pero significa que España tuvo el mejor profesor posible, gratis, durante un día entero, y que la mayoría de las casas siguen exactamente igual que el 27 de abril.
El mínimo que habría hecho aburrido aquel día
No es una lista larga y no cuesta casi nada.
Una linterna o luz USB, con pilas o cargada. Una batería externa cargada. Una radio a pilas o de manivela. Entre cincuenta y doscientos euros en billetes pequeños, en un sobre que todos en casa sepan dónde está. Nueve litros de agua por persona, tres litros al día durante tres días. Comida que se coma fría, sin fogón: conservas, pan de molde o crujiente, frutos secos, queso curado.
Con eso, el 28 de abril habría sido una tarde extraña y ligeramente divertida en lugar de una tarde en la que había que resolver problemas a oscuras.
Qué hacer esta semana
Coge el sobre y mete efectivo en billetes de veinte. Dilo en casa.
Mira si tienes una linterna que funcione y una radio que no dependa del móvil.
Cuenta el agua que hay ahora mismo, no la del día de la compra.
Y si vas a comprar una sola cosa que no tienes, que sea el detector de monóxido. Es lo único de esta lista que ha salvado vidas de verdad.
¿No sabes cómo está tu casa? La prueba de las 72 horas dura noventa segundos y te dice cuál es tu línea de vida más débil.

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